La sociedad que apoya a las víctimas del terrorismo apoya su libertad. La inocencia de los seres humanos atacados y la defensa activa de los derechos humanos es, sin duda, un pilar de fortaleza frente a los terroristas.

Los fanáticos de la identidad política o religiosa, tanto da, quieren una sociedad débil, con la memoria frágil y dispuesta al autoengaño y a la cobardía. Por eso, los terroristas provocan víctimas, para acobardarnos a todos, pero frente a los grandes pilares de las relaciones comunitarias las desean invisibles e insignificantes.

El pasado 11 de marzo se cumplieron cinco años desde los atentados de los trenes de Madrid. Hay importantes aspectos de la solidaridad material que se impulsaron desde las empresas, los propios ciudadanos y las distintas administraciones, aunque específicamente fue desde la Comunidad de Madrid, desde la actual Dirección de Víctimas del Ministerio del Interior, desde el fondo del Imserso donado por la CECA y desde el Fondo 11-M gestionado por la propia Fundación de Víctimas, donde cobran especial relevancia nuestros mecenas y las empresas donantes que nos fueron remitidas en muchos casos por la Fundación Empresa y Sociedad. Sigue existiendo necesidad de asistencia en algunos casos. Y además hay aspectos del duelo colectivo y del acompañamiento moral a las víctimas que han resultado deficientes. La memoria de estos cinco años es doblemente dolorosa para muchas de las personas que afrontan el horrible duelo de un atentado terrorista y podemos y debemos saber recapacitar.

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