FUNDACIÓN VÍCTIMAS DEL TERRORISMO NÚMERO 95

23 ACTUALIDAD E l acto, celebrado en cumplimiento del artículo 60 de la Ley de reco- nocimiento y protección integral a las víctimas del terrorismo, reunió a representantes institucionales y del te- jido asociativo con un objetivo común: preservar la memoria y la dignidad de las víctimas. Presidido por la presidenta del Congreso, Francina Armengol, con- tó también con la presencia del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlas- ka, junto a otras autoridades. La jornada comenzó en el Salón de Pasos Perdidos, donde Armengol saludó a los representantes de asociaciones y funda- ciones de víctimas. Ya en la Sala Consti- tucional, la música marcó el inicio del ho- menaje con la interpretación del Adagio en sol menor de Tomaso Albinoni, a car- go de estudiantes del Real Conservatorio Superior de Música de Madrid. RECONOCIMIENTO, MEMORIA Y REIVINDICACIÓN A continuación, el turno de palabra lo abrió el presidente de la Fundación Víc- timas del Terrorismo, Juan Benito Va- lenciano, en una intervención atravesada por tres ejes: reconocimiento, memoria y reivindicación. Tras agradecer la pre- sencia de autoridades y asistentes, dirigió un mensaje especial “a las víctimas, a sus familias y a quienes llevan décadas soste- niendo su memoria y dignidad”. Valenciano destacó el sentido colectivo del acto: “Recordar y reafirmar que no debemos olvidar jamás a quienes sufrie- ron la barbarie terrorista”. Subrayó que las víctimas “merecen respeto y memoria” y recordó que cada atentado dejó tras de sí vidas truncadas y familias devastadas. Evocó así la magnitud de la tragedia: más de 1.450 personas asesinadas, miles de heridos y una sociedad que durante años vivió bajo amenaza. En su intervención quiso advertir tam- bién de que “el terrorismo no pertenece únicamente al pasado”. Citó, como ejem- plo reciente, el asesinato del joven espa- ñol Yakoob Pinto Bittan en Jerusalén en septiembre del pasado año, trasladando su solidaridad a la familia. El presidente de la Fundación reivindi- có la respuesta de la sociedad española frente a la violencia: “Resistió gracias a quienes no se arrodillaron, a los servi- dores públicos y a las propias víctimas, que respondieron siempre con digni- dad”. De ese legado —añadió— nace una “deuda moral permanente que no prescribe y que compromete a toda la sociedad”.

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