FUNDACIÓN VÍCTIMAS DEL TERRORISMO NÚMERO 95

52 Bolero regresaba a otra actividad de la Fundación tras su participación en la cere- monia de entrega de los Premios Anuales celebrada en el Paraninfo de la Universi- dad de Alcalá. La actuación tuvo además un carácter especialmente emotivo al enmarcarse dentro de la gira conmemo- rativa de su vigésimo quinto aniversario. Con una trayectoria consolidada que le ha llevado a actuar en numerosos escenarios de España, Europa y América y con doce trabajos discográficos publicados, Alma de Bolero ofreció un concierto elegante, cercano y profundamente emotivo. Durante su actuación interpretaron algu- nas de las canciones más emblemáticas de la música en español, piezas que forman parte de la memoria sentimental de varias generaciones. Temas como Corazón par- tío, Santa Lucía o Historia de un amor. La respuesta del público fue inmediata. Los asistentes acompañaron con palmas y voces algunos de los estribillos más cono- cidos, creando una atmósfera de compli- cidad que transformó el concierto en una experiencia compartida. La emoción fue creciendo canción tras canción hasta des- embocar en una ovación prolongada que puso de manifiesto el éxito de la actuación. El concierto logró crear una atmósfera íntima y evocadora, convirtiendo cada canción en un viaje por los recuerdos, las emociones y las historias compartidas. La música aportó así una dimensión especial- mente humana a un encuentro que, más allá de los reconocimientos y del balance institucional, pretende fortalecer vínculos entre personas y entidades unidas por va- lores comunes. “Toma mi mano” volvió a demostrar, una vez más, que la memoria puede ser también un espacio de encuen- tro, diálogo y esperanza. La Fundación Rodolfo Benito Samaniego reafirmó en esta décima edición su voluntad de seguir tendiendo puentes entre instituciones, asociaciones y ciudadanos comprometidos con la defensa de la dignidad humana y la convivencia democrática. La jornada concluyó entre conversacio- nes, fotos, saludos y muestras de afecto, dejando la sensación compartida de haber participado en algo más que un acto insti- tucional. Fue, sobre todo, una celebración de los lazos construidos a lo largo de los años, un reconocimiento a quienes traba- jan por una sociedad mejor y un homenaje permanente a quienes sufrieron la violen- cia terrorista. Un encuentro que, fiel a su nombre, invitó una vez más a tender la mano y a seguir caminando juntos.

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