Con protagonismo para la Fundación Víctimas del Terrorismo
La ciudad de Cádiz acogió del 10 al 12 de junio el III Congreso Internacional Terrorismo, Seguridad y Prisión, una cita que reunió a más de 400 asistentes y más de 30 ponentes nacionales e internacionales para analizar el presente y futuro de las amenazas terroristas. Organizado por la Asociación de Estudios sobre Seguridad, Terrorismo e Inteligencia (ASESTI) y la Guardia Civil, con la colaboración, entre otros, de la Diputación Provincial y del ayuntamiento de Cádiz, la Junta de Andalucía y la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias, y el patrocinio de varias empresas privadas. El encuentro destacó tanto por el alto nivel técnico de sus debates, como por el protagonismo otorgado a la memoria de las víctimas del terrorismo, encarnada especialmente en la presencia activa de la Fundación Víctimas del Terrorismo durante todas las jornadas.
La Fundación no solo participó institucionalmente en el congreso, sino que se erigió en uno de sus ejes vertebradores, reforzando la necesidad de situar a las víctimas en el centro del discurso público y de las políticas de prevención. Su presidente y su directora gerente estuvieron presentes durante todo el evento, participando en actos, encuentros y espacios de reflexión, lo que contribuyó a subrayar el compromiso de las instituciones y de la sociedad con la memoria, la dignidad y la justicia.
Como antesala del congreso, ASESTI quiso que el 9 de junio se celebrara una cena benéfica en favor de las víctimas del terrorismo, organizada en el Baluarte de los Mártires y patrocinada por el Grupo El Faro. El 50 % de su recaudación se donó a la Fundación Víctimas del Terrorismo, consolidando así la vertiente solidaria del encuentro y reforzando el vínculo entre la reflexión académica y el apoyo directo a las víctimas, que no dejó de estar nunca presente a lo largo de los tres días que duró el congreso.
Las sesiones comenzaron el 10 de junio con una jornada inaugural centrada en el análisis del contexto actual del terrorismo y los extremismos violentos, la visión internacional penitenciaria en la lucha contra estas amenazas y un vídeo fórum sobre víctimas y terroristas en el cine español. Desde el inicio, los debates evidenciaron la complejidad y la evolución constante del fenómeno terrorista, así como la necesidad de respuestas coordinadas a nivel nacional e internacional.
Uno de los aspectos que marcó el desarrollo del congreso fue la preocupación compartida por el auge del proceso de radicalización entre menores y jóvenes a través de entornos digitales. Los expertos advirtieron de que esta tendencia se había convertido en uno de los principales desafíos actuales. Según los datos expuestos, en 2025 fueron detenidas en España cien personas vinculadas al terrorismo yihadista —a las que se sumaron trece arrestos en el exterior—, lo que confirmaba una tendencia al alza respecto a años anteriores.
Más significativo aún resultó el perfil de los detenidos: 14 eran menores de edad y 37 tenían menos de 24 años, lo que implicaba que más de la mitad de los implicados eran jóvenes. Los especialistas explicaron que este fenómeno respondía en gran medida a procesos de autoradicalización alimentados por la propaganda digital de organizaciones como Daesh o Al Qaeda, difundida a través de redes sociales, plataformas de streaming o incluso videojuegos.
En este sentido, se destacó que el entorno online se había convertido en un espacio prioritario de captación, donde los jóvenes, en muchos casos con carencias sociales o emocionales, encontraban una falsa sensación de pertenencia. Los expertos describieron cómo, a través de contenidos aparentemente inofensivos o incluso con estética de videojuegos, se producía el primer contacto que podía derivar en procesos más avanzados de radicalización.
Las jornadas del 11 de junio abundaron en esta línea, abordando el análisis del terrorismo global desde una perspectiva internacional, los desafíos de las amenazas cibernéticas y la arquitectura de respuesta en España. También se incluyó un espacio de memoria con el acto “Un recuerdo a las víctimas del terrorismo: Los novios de Cádiz”, que reforzó la dimensión humana del congreso y su compromiso con el recuerdo permanente.
El programa concluyó el 12 de junio con mesas centradas en el conocimiento del extremismo violento y las tendencias del fenómeno terrorista, así como en la incidencia de factores como los trastornos mentales asociados. Sin embargo, el momento más significativo de la clausura fue el homenaje a las víctimas del terrorismo, en el que la Fundación volvió a ocupar un lugar central.
El presidente de la Fundación Víctimas del Terrorismo, Juan Benito Valenciano, fue el encargado de leer un manifiesto “In Memoriam” que sintetizó el espíritu del encuentro. En su intervención, reivindicó a las víctimas como “la conciencia moral de nuestra democracia” y recordó que no son cifras, sino “vidas, nombres e historias truncadas” que interpelan a toda la sociedad.
El manifiesto subrayó la deuda moral permanente que España mantiene con las víctimas y la necesidad de sostenerla sobre cuatro pilares esenciales: memoria, dignidad, justicia y verdad. Asimismo, rechazó cualquier forma de banalización del terrorismo y defendió la importancia de transmitir el legado de las víctimas a las nuevas generaciones como herramienta fundamental de prevención.
En Cádiz, ciudad símbolo del constitucionalismo español, el acto adquirió un significado especial al vincular la defensa de la democracia con el recuerdo de quienes más han sufrido por ella. La intervención incidió en que el terrorismo no logró quebrar la convivencia ni imponerse mediante el miedo, gracias a la fortaleza de la sociedad, la actuación de las instituciones y la dignidad de las víctimas.
El congreso cerró así tres jornadas de intenso debate en las que se puso de manifiesto la evolución de las amenazas terroristas, la importancia de la cooperación internacional y la necesidad de adaptar los mecanismos de prevención y respuesta. Pero, por encima de todo, dejó claro que cualquier análisis o estrategia debe situar a las víctimas en el centro.
La presencia constante de la Fundación Víctimas del Terrorismo, tanto en los actos institucionales como en la dimensión humana y ética del encuentro, evidenció que la memoria sigue siendo un elemento imprescindible para construir una convivencia sólida. Como se reiteró en la clausura, una sociedad que honra a sus víctimas no solo preserva su dignidad, sino que se fortalece frente a cualquier forma de violencia.
































