El curso “El terrorismo y la sociedad”, dirigido por el general Miguel Ángel Ballesteros, reunió durante dos jornadas a responsables de inteligencia, académicos, periodistas y víctimas para analizar una amenaza que cambia de rostro, pero sigue condicionando la seguridad y la democracia.
La amenaza terrorista continúa presente, aunque sus formas de actuación, captación y propaganda evolucionan a gran velocidad. Esta fue una de las principales conclusiones del curso de verano “El terrorismo y la sociedad”, organizado por la Fundación Víctimas del Terrorismo y el Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo en el marco de los Cursos de Verano de la Universidad Complutense. Durante dos jornadas, expertos en inteligencia, académicos, periodistas y víctimas analizaron un fenómeno que, pese a la ausencia de grandes atentados en España en los últimos años, sigue siendo considerado un riesgo real para la seguridad y la convivencia democrática.
La inauguración contó con la participación de la subsecretaria del Ministerio del Interior, Susana Crisóstomo; el director del curso, el general Miguel Ángel Ballesteros; el vicepresidente de la Fundación Víctimas del Terrorismo, Francisco Javier López, quien ocupó el lugar del presidente Juan Benito Valenciano; y el director del Centro Memorial, Florencio Domínguez.
Todos coincidieron en destacar el papel de las víctimas como referente moral de la democracia y como una herramienta esencial de prevención. El testimonio de quienes han sufrido la violencia terrorista ha llegado ya a cientos de centros educativos y decenas de miles de estudiantes, contribuyendo a deslegitimar el uso de la violencia y a fortalecer una cultura democrática basada en la memoria y la dignidad.
Ballesteros advirtió además de un riesgo creciente: la falsa sensación de seguridad generada por la ausencia de atentados de gran impacto. Recordó que España mantiene desde octubre de 2023 el nivel 4 reforzado de alerta antiterrorista y continúa situándose entre los países europeos con mayor actividad policial frente a esta amenaza.
Radicalización en la era digital
La conferencia inaugural fue impartida por el director del Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado (CITCO), el general Javier Marín, quien explicó cómo la radicalización está afectando cada vez más a perfiles jóvenes.
Más de la mitad de los detenidos por actividades vinculadas al terrorismo en España durante 2025 tenían menos de 25 años, y una parte significativa eran menores de edad. Según expuso, la captación ya no se limita a los canales tradicionales, sino que se desarrolla en espacios digitales tan diversos como redes sociales, plataformas de mensajería, videojuegos, aplicaciones de citas o foros especializados.
Marín describió un escenario caracterizado por la fragmentación ideológica. Junto al terrorismo yihadista, alertó sobre fenómenos emergentes como el aceleracionismo de extrema derecha, movimientos violentos de carácter nihilista y grupos que utilizan la extorsión y la manipulación digital para captar adeptos. También defendió la necesidad de mantener el control humano sobre las herramientas de inteligencia artificial aplicadas a la seguridad, recordando que ninguna decisión que afecte a derechos fundamentales debería quedar exclusivamente en manos de algoritmos.
El Sahel, principal foco de inestabilidad
Uno de los análisis geopolíticos más relevantes fue el presentado por el coronel Jesús Díez Alcalde, jefe de Comunicación Estratégica del Eurocuerpo. Su intervención situó al Sahel como el actual epicentro mundial del terrorismo.
La región concentra ya más de la mitad de las muertes por terrorismo registradas en el mundo, un crecimiento exponencial respecto a los datos de hace dos décadas. Díez Alcalde alertó de que la combinación de fragilidad institucional, pobreza, conflictos armados y expansión de grupos yihadistas amenaza con extender la inestabilidad hacia zonas cada vez más próximas a Europa.
El coronel destacó además que gran parte de la violencia contra la población civil procede de actores estatales o paraestatales, un fenómeno que favorece el reclutamiento por parte de organizaciones extremistas. Ante el fracaso de diversas operaciones internacionales de estabilización, defendió una estrategia centrada en la contención y el fortalecimiento de países clave de África occidental, subrayando que la seguridad europea depende en gran medida de la estabilidad africana.
Víctimas y desafíos pendientes
La protección y el reconocimiento de las víctimas ocuparon un lugar destacado en el programa. El jurista Luis Heredero, hijo de un coronel asesinado por ETA en 1992, analizó las desigualdades que todavía persisten en el sistema de apoyo.
Denunció diferencias en las indemnizaciones en función de la existencia o no de sentencia judicial, así como la disparidad de ayudas complementarias entre comunidades autónomas. También llamó la atención sobre cuestiones aún pendientes, como los centenares de asesinatos sin resolver, la situación de quienes se vieron obligados a abandonar el País Vasco por la presión terrorista y la insuficiente respuesta institucional ante determinados actos de exaltación de los terroristas.
Su reflexión incidió en una idea repetida durante las jornadas: la calidad de una democracia no se mide únicamente por la reparación económica, sino también por su capacidad para garantizar verdad, justicia y reconocimiento moral a las víctimas.
La responsabilidad de informar
El papel de los medios de comunicación centró otra de las mesas más seguidas del curso, con la participación de Pedro Piqueras, José María Irujo y Ángel Expósito.
Los tres periodistas coincidieron en que la información sobre terrorismo ha experimentado una profunda transformación en las últimas décadas. Piqueras recordó el impacto social que tuvieron determinadas imágenes de atentados que contribuyeron a despertar la conciencia ciudadana frente a la violencia.
Por su parte, Irujo realizó una autocrítica sobre la cobertura informativa de los años más duros de ETA, señalando que durante mucho tiempo los medios otorgaron mayor protagonismo a los terroristas que a sus víctimas. Expósito alertó además sobre la utilización del terrorismo como instrumento dentro de estrategias de guerra híbrida y desinformación.
Los participantes defendieron un periodismo riguroso, contextualizado y respetuoso con las víctimas, capaz de evitar tanto el sensacionalismo como la difusión acrítica de narrativas extremistas.
Terrorismo, memoria y batalla del relato
La segunda jornada se abrió con una reflexión sobre el terrorismo de Hamás y la dimensión comunicativa de la violencia. El catedrático Rogelio Alonso analizó los atentados del 7 de octubre de 2023 como un ejemplo de cómo el terror busca no solo causar víctimas, sino también producir un profundo impacto psicológico y simbólico.
Alonso explicó los mecanismos de legitimación y distorsión narrativa empleados por organizaciones terroristas para influir en la opinión pública internacional y advirtió de la importancia de combatir los procesos de deshumanización y justificación de la violencia.
En esa misma línea, la ex eurodiputada Maite Pagazaurtundúa defendió que la derrota policial de una organización terrorista no garantiza automáticamente la victoria democrática. A su juicio, la batalla continúa en la memoria, en el espacio público y en la capacidad de las sociedades para resistir los intentos de manipulación y reescritura del pasado.
La ponente alertó también sobre las estrategias de desestabilización impulsadas por actores internacionales que explotan las fracturas sociales y políticas de las democracias occidentales, y reivindicó el pensamiento crítico y el compromiso cívico como herramientas esenciales de prevención.
Las secuelas de ETA y la voz de las víctimas
El sociólogo Francisco José Llera cerró el bloque académico con un análisis de las consecuencias sociales y políticas de décadas de terrorismo de ETA. Recordó el elevado número de víctimas, personas extorsionadas y ciudadanos que se vieron obligados a marcharse del País Vasco, y advirtió de que la derrota operativa de la organización no siempre ha ido acompañada de una derrota completa de su legado político y social.
El momento más emotivo llegó con la mesa de testimonios moderada por Belén Sanz, subdirectora general de Apoyo a Víctimas del Terrorismo. Alicia Gómez Condado, hija de una víctima del atentado de la cafetería Rolando; Víctor Pavón, superviviente del atentado de El Descanso; y María Esther Sáez, herida grave en los atentados del 11-M, compartieron sus experiencias personales y reivindicaron el valor de la memoria como herramienta de prevención y resiliencia.
Sus intervenciones recordaron que detrás de las estadísticas existen historias de sufrimiento, superación y compromiso cívico que siguen siendo fundamentales para comprender el alcance real del terrorismo.
Una tarea permanente
En la clausura, Florencio Domínguez destacó el éxito de una iniciativa concebida hace más de una década y agradeció la implicación de ponentes, alumnos y víctimas, así como la labor desarrollada por el director Miguel Ángel Ballesteros. Agradecimientos que también hizo extensivos la directora gerente de la Fundación Víctimas del Terrorismo, María Zarauz.
La conclusión compartida por muchos de los participantes fue clara: la desaparición de los atentados no significa la desaparición del terrorismo. La amenaza se transforma, adopta nuevos lenguajes y encuentra espacios de difusión inéditos, especialmente en el entorno digital. Frente a ella, las jornadas reivindicaron la memoria de las víctimas, la educación, el periodismo responsable y la fortaleza de las instituciones democráticas como elementos esenciales para preservar la libertad y la convivencia. Porque, como quedó patente en El Escorial, la resiliencia social sigue siendo una de las mejores herramientas de seguridad frente a cualquier forma de extremismo.


































