La muestra reivindica la importancia de transmitir la verdad a las nuevas generaciones.
La memoria de las víctimas del terrorismo ha encontrado un nuevo espacio de reflexión en Elche. La Lonja Medieval de la ciudad acoge desde el pasado 14 de octubre y hasta el próximo 15 de noviembre la exposición “12 vidas. Una herida permanente”, una muestra organizada por la Fundación Víctimas del Terrorismo (FVT) y el Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo, en esta ocasión con la colaboración de la Generalitat Valenciana y el Ayuntamiento de Elche.
La exposición recuerda a los doce guardias civiles asesinados por ETA en el atentado cometido el 14 de julio de 1986 en la plaza de la República Dominicana de Madrid, uno de los ataques más crueles perpetrados por la banda terrorista. Aquel coche bomba cargado de explosivos y metralla acabó con la vida de doce jóvenes agentes que se dirigían a iniciar su jornada de servicio y causó más de sesenta heridos, dejando una huella imborrable en sus familias, en los supervivientes y en la sociedad española.
La inauguración contó con la presencia del alcalde de Elche, Pablo Ruz; la tercera teniente de alcalde, Aurora Rodil; el director general de Atención a Víctimas de la Generalitat Valenciana, Francisco Javier Soler; y el presidente de la Fundación Víctimas del Terrorismo, Juan Benito, entre otras autoridades y representantes institucionales.
Durante el acto, las intervenciones estuvieron marcadas por una misma idea: la necesidad de mantener viva la memoria de quienes sufrieron la violencia terrorista y evitar que el paso del tiempo diluya el recuerdo de lo ocurrido.
El alcalde de Elche alertó del riesgo que supone el olvido en una sociedad democrática y defendió la importancia de trasladar a las nuevas generaciones el conocimiento de lo que representó el terrorismo de ETA. Ruz lamentó que, para muchos jóvenes, aquellos años formen ya parte de una realidad lejana y recordó que España sufrió cerca de 900 asesinatos terroristas. A su juicio, ignorar esa realidad o minimizar sus consecuencias constituiría un grave error colectivo.
También Aurora Rodil subrayó que la exposición es mucho más que una muestra documental. La concejal la definió como un homenaje a quienes padecieron la violencia terrorista y una oportunidad para reafirmar el deber de toda la sociedad de conservar su recuerdo. Recordó además que las víctimas nunca reclamaron venganza, sino justicia, y defendió que ocupen el lugar que les corresponde en la memoria colectiva.
Uno de los momentos más emotivos llegó con las palabras del presidente de la Fundación Víctimas del Terrorismo, Juan Benito, quien quiso comenzar su intervención dirigiéndose a los familiares de los doce guardias civiles asesinados y a quienes sobrevivieron al atentado. Cuarenta años después de aquellos hechos, expresó la cercanía de la Fundación hacia quienes siguen conviviendo con las consecuencias de la barbarie terrorista y destacó la fortaleza con la que han mantenido viva la memoria de sus seres queridos.
Benito recordó que el homenaje alcanza también a las personas heridas aquel día, muchas de las cuales tuvieron que reconstruir sus vidas enfrentándose a secuelas físicas y psicológicas. Su reconocimiento se dirigió especialmente a quienes continúan aportando su testimonio para ayudar a comprender lo que ocurrió durante los años de terrorismo en España.
El presidente de la FVT insistió en que recordar a las víctimas no significa únicamente mirar al pasado. Según señaló, cada ejercicio de memoria supone también una reafirmación de los valores democráticos que fueron atacados durante décadas por el terrorismo. En este sentido, destacó que iniciativas como esta contribuyen a fortalecer la convivencia y el compromiso con la libertad.
“Cuando evocamos a las víctimas no estamos solo reconstruyendo la historia, estamos defendiendo los principios democráticos que pretendieron destruir quienes recurrieron a la violencia”, vino a señalar durante su intervención. Un mensaje estrechamente vinculado al espíritu de una exposición que busca situar a las víctimas en el centro del relato.
Devastador atentado
La muestra toma como punto de partida uno de los atentados más devastadores de ETA. El 14 de julio de 1986, un coche bomba explotó al paso de un vehículo de la Guardia Civil en la plaza de la República Dominicana de Madrid. Doce agentes perdieron la vida de forma inmediata. Eran jóvenes que habían elegido el servicio público y que fueron convertidos en objetivo por representar al Estado de derecho y a las instituciones democráticas.
La exposición recupera sus historias personales y pone rostro a unos nombres que forman parte de la historia reciente de España: Carmelo Bella Álamo, José Calvo Gutiérrez, Miguel Ángel Cornejo Ros, Jesús María Freixes Montes, Jesús Jiménez Jimeno, Andrés José Fernández Pertierra, José Joaquín García Ruiz, Santiago Iglesias Godino, Antonio Lancharro Reyes, Javier Esteban Plaza, Miguel Ángel de la Higuera López y Juan Ignacio Calvo Guerrero.
Entre ellos se encontraban dos jóvenes vinculados a la Comunidad Valenciana. Miguel Ángel Cornejo Ros había nacido en Burjassot (Valencia) y tenía 24 años cuando fue asesinado. Santiago Iglesias Godino, natural de Hondón de las Nieves (Alicante), tenía únicamente 20 años. Durante la inauguración se recordó especialmente a ambos agentes, cuyos nombres forman parte de la memoria valenciana y de la memoria común de todos los españoles.
A través de fotografías, documentos históricos, objetos personales, testimonios y diversos materiales gráficos, la exposición invita al visitante a acercarse a la dimensión humana de la tragedia. Lejos de las cifras y los titulares, el recorrido permite conocer quiénes eran aquellos doce jóvenes guardias civiles, cuáles eran sus proyectos de vida y qué impacto tuvo su asesinato sobre sus familias.
Precisamente esa dimensión humana es la que inspira el propio título de la muestra. “12 vidas. Una herida permanente” recuerda que detrás de cada atentado existen historias truncadas, sueños interrumpidos y familias que tuvieron que afrontar pérdidas irreparables.
Para Juan Benito, una de las funciones más importantes de la exposición es la educativa. Durante su intervención insistió en que muchos jóvenes han crecido en una España que ya no conoció el terrorismo de ETA y que, por tanto, necesitan herramientas que les permitan comprender lo ocurrido. En sus palabras, resulta imprescindible transmitir los hechos “con rigor, con verdad y poniendo siempre a las víctimas en el centro del relato”.
El presidente de la Fundación defendió que una democracia madura no puede permitirse que episodios de esta naturaleza queden relegados al olvido o reducidos a una referencia histórica descontextualizada. Lejos de alimentar el resentimiento, explicó, la memoria constituye una herramienta cívica destinada a reforzar valores como la libertad, la convivencia, el respeto a la dignidad humana y el rechazo absoluto a cualquier forma de violencia.
“Ningún proyecto político, ninguna ideología ni ningún objetivo pueden justificar jamás el asesinato o el terror”, trasladó igualmente, sintetizando uno de los mensajes fundamentales de la muestra.
Benito tuvo además palabras de reconocimiento para la Guardia Civil, institución especialmente golpeada por ETA durante décadas. Recordó que la historia de la derrota del terrorismo en España no puede entenderse sin el sacrificio de miles de guardias civiles que soportaron amenazas, atentados y persecución por parte de la organización terrorista.
Por su parte, el director general de Atención a Víctimas de la Generalitat Valenciana, Francisco Javier Soler, agradeció al Ayuntamiento de Elche su implicación en la acogida de la exposición y reiteró el compromiso del Consell con los principios de memoria, dignidad, verdad y justicia. Asimismo, explicó que esta iniciativa forma parte de una estrategia orientada a extender por todo el territorio actividades de divulgación y sensibilización sobre la realidad del terrorismo.
Tras su paso por el Colegio de Huérfanos de la Guardia Civil, el Centro Cultural Nicolás Salmerón y el acuartelamiento de Batalla del Salado, todos ellos en Madrid, la exposición inicia ahora una nueva etapa en Elche antes de continuar su itinerancia por otras ciudades españolas. Vitoria acogerá próximamente la muestra y, durante 2027, llegará también a Logroño y Mérida.
Mientras tanto, la Lonja Medieval se convierte durante estas semanas en un espacio de encuentro con la memoria. Un lugar para recordar a doce jóvenes guardias civiles asesinados por ETA, para acompañar a sus familias y para renovar un compromiso colectivo que sigue plenamente vigente: preservar la verdad de lo ocurrido, honrar a las víctimas y asegurar que su recuerdo permanezca vivo en la conciencia democrática de las futuras generaciones.






























