Exposición sobre el atentado de ETA en la plaza de la República Dominicana
El Acuartelamiento de Batalla del Salado acogió del 2 al 8 de octubre la exposición 1986. Plaza de la República Dominicana. 12 vidas, una herida permanente, una iniciativa impulsada por el Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo y la Fundación Víctimas del Terrorismo que rinde homenaje a los doce guardias civiles asesinados por ETA en el atentado perpetrado el 14 de julio de 1986 en Madrid, el más sangriento cometido por la organización terrorista contra la Guardia Civil.
La visita guiada realizada el cinco de octubre contó con la participación del general de brigada Francisco José Almansa Aguilar, jefe de la 1.ª Zona de la Guardia Civil, quien agradeció la llegada de esta muestra a una instalación tan vinculada a la historia y a los valores del Cuerpo. En su intervención destacó la importancia de mantener viva la memoria de quienes entregaron su vida al servicio de España y de trasladar a las nuevas generaciones el significado de aquel atentado y el sufrimiento causado por el terrorismo.
Junto a él intervino el presidente de la Fundación Víctimas del Terrorismo (FVT), quien recordó que el objetivo de la exposición es acercar a la ciudadanía la dimensión humana de la tragedia y preservar el recuerdo de quienes padecieron la violencia terrorista.
Entre los presentes, el delegado del Gobierno en Madrid, Francisco Martín; la concejala-presidenta del distrito de Arganzuela, Lola Navarro, y la directora general de la Oficina de Atención a Víctimas del Ministerio del Interior, Montserrat Torija, entre otras autoridades, además de mandos de la Guardia Civil y víctimas heridas en aquel atentado.
La muestra recorre, a través de fotografías, documentos, testimonios y objetos vinculados a los hechos, la historia del atentado de la plaza de la República Dominicana, en el que una furgoneta cargada con explosivos fue detonada al paso de un convoy de la Guardia Civil, causando la muerte de doce jóvenes agentes y heridas a decenas de personas.
Durante su intervención, el presidente de la FVT trasladó “nuestro cariño, nuestro respeto y nuestra cercanía a las familias de los doce jóvenes guardias civiles asesinados hace cuarenta años en la plaza de la República Dominicana”, haciendo extensivo ese reconocimiento a los supervivientes y heridos que han convivido durante décadas con las secuelas físicas y emocionales del atentado.
Asimismo, subrayó que la exposición nace de una convicción esencial: “las víctimas del terrorismo merecen ser recordadas. Merecen que conozcamos quiénes fueron, qué les ocurrió y cuál fue el coste humano de la violencia que durante tantos años sufrió nuestro país”. En este sentido, explicó que detrás de los datos y las cifras “hay doce vidas truncadas, familias marcadas para siempre, sueños interrumpidos y una ausencia que continúa acompañando a sus seres queridos cuarenta años después”.
El presidente de la Fundación destacó también que la exposición no pretende únicamente mirar al pasado, sino contribuir a comprenderlo. “Muchos de los jóvenes que la visitarán nacieron años después de aquellos hechos. Por eso es tan importante explicar lo que ocurrió desde la verdad y desde el respeto a las víctimas”, señaló, insistiendo en que “recordar no significa abrir heridas; recordar significa dignificar a quienes sufrieron, aprender de nuestra historia y transmitir que ninguna idea ni causa política puede justificar jamás el asesinato, el odio o la violencia”.
En su discurso quiso reconocer igualmente el papel desempeñado por la Guardia Civil durante los años del terrorismo, agradeciendo la labor de “los hombres y mujeres que sufrieron de manera especial el acoso de la violencia terrorista y que, pese a ello, siguieron cumpliendo con su deber con valentía, profesionalidad y lealtad al servicio público”.
La exposición constituye, además, un homenaje a todas las personas que sobrevivieron al atentado y continúan conviviendo con sus consecuencias.
Como recordó el presidente de la FVT en el cierre de su intervención, las víctimas del terrorismo legaron a la sociedad una responsabilidad colectiva: “la responsabilidad de recordar, de contar la verdad y de preservar su legado moral”. Un compromiso que iniciativas como esta exposición contribuyen a reforzar, convirtiendo la memoria en una herramienta para la educación, la convivencia democrática y el reconocimiento permanente a quienes sufrieron la barbarie terrorista.






























