El curso de verano de la Universidad Rey Juan Carlos, organizado junto al Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo y la Fundación Víctimas del Terrorismo, reunió en Aranjuez a responsables judiciales, policiales, de inteligencia, atención a víctimas y víctimas del terrorismo para analizar los desafíos actuales del antiterrorismo.
Los días 29 y 30 de junio, el campus de Aranjuez acogió el curso España frente a la amenaza yihadista: retos actuales del antiterrorismo, dirigido por el catedrático de la Universidad Rey Juan Carlos, Fernando Reinares. Durante dos jornadas, representantes de la Audiencia Nacional, el Departamento de Seguridad Nacional (DSN), el CNI, el CITCO, Policía Nacional, Guardia Civil, Mossos d’Esquadra, Ertzaintza e Instituciones Penitenciarias coincidieron en un diagnóstico compartido: la amenaza yihadista se ha transformado, desplazándose hacia entornos digitales, perfiles cada vez más jóvenes y formas de radicalización más fragmentadas.
La apertura estuvo marcada por la reivindicación del papel central de las víctimas como referente ético de la respuesta democrática al terrorismo. Juan Benito, presidente de la Fundación Víctimas del Terrorismo, y Florencio Domínguez, director del Centro Memorial, insistieron en la importancia de preservar la memoria y reforzar la conciencia social frente a una amenaza que sigue siendo uno de los principales retos de seguridad para España.
Desde el Ministerio del Interior, la subsecretaria Susana Crisóstomo aportó una dimensión tangible del trabajo de memoria al señalar que el Centro Memorial de Vitoria ha recibido ya 140.000 visitas desde 2021, además de otras 100.000 personas en exposiciones itinerantes por todo el país. Reafirmó que la lucha antiterrorista no es una política coyuntural, sino una política de Estado que exige cohesión real entre instituciones, academia y ciudadanía, sin convertir la seguridad en arma partidista.
Desde el plano estratégico, la directora del DSN, Loreto Gutiérrez, situó el Sahel como el principal foco de expansión del terrorismo global y recordó los cuatro pilares de la Estrategia Nacional contra el Terrorismo: prevenir, proteger, perseguir y preparar. Carola García-Calvo, del Real Instituto Elcano, destacó además la singularidad del modelo español, que incorpora a las víctimas como parte de la estrategia de prevención.
En el ámbito judicial, el presidente de la Audiencia Nacional, Juan Manuel Fernández, defendió el equilibrio entre eficacia y garantías legales en la lucha antiterrorista. El fiscal jefe Jesús Alonso puso el foco en uno de los fenómenos más preocupantes: el aumento de los menores radicalizados, que han pasado de unos pocos casos al año a cerca de medio centenar tras la pandemia. Destacó, sin embargo, la eficacia de los programas de reeducación, que mantienen una tasa de reincidencia prácticamente nula.
Los responsables policiales coincidieron en advertir sobre la necesidad de adaptar el marco legal a la complejidad tecnológica actual. Manuel Rodríguez García Risco, de la Policía Nacional, alertó de que los plazos procesales resultan insuficientes para investigar dispositivos digitales o seguir flujos internacionales de financiación terrorista. Desde la Guardia Civil, Oliver Pérez López describió internet como el “hábitat natural” de la insurgencia digital y subrayó la creciente importancia de la cooperación internacional, especialmente con Marruecos.
Las policías autonómicas aportaron ejemplos que reflejan la creciente presencia de menores en procesos de radicalización. La Ertzaintza expuso el caso de un menor que intentó acceder armado a un centro educativo en Álava, mientras que los Mossos d’Esquadra alertaron sobre radicalizaciones detectadas entre niños de 11 y 14 años y sobre el impacto de la inteligencia artificial en la propaganda extremista y la difusión de contenidos.
La segunda jornada abordó el papel de la inteligencia, la coordinación institucional, la prevención y la atención a las víctimas. Manuel Torres, de la Universidad Pablo de Olavide, y responsables del CNI destacaron que la anticipación se ha convertido en la clave del contraterrorismo moderno, combinando herramientas tecnológicas con inteligencia humana para detectar señales tempranas de radicalización.
Asimismo, responsables del CITCO y del Ministerio de Asuntos Exteriores resaltaron los avances logrados en el intercambio de información y en la cooperación nacional e internacional desde los atentados del 11 de marzo de 2004, considerados un punto de inflexión para el actual modelo español.
Especial atención recibió la radicalización de menores en entornos digitales. Expertos del CITCO, de la Agencia para la Reeducación y Reinserción del Menor Infractor y de la Comunidad de Madrid alertaron sobre el uso de plataformas como TikTok, Discord o videojuegos online para la difusión de propaganda extremista. Los especialistas coincidieron en que muchos de estos jóvenes presentan perfiles aparentemente normalizados, pero acumulaban vulnerabilidades personales, sociales o emocionales que facilitaron los procesos de captación.
El curso también analizó el papel de las prisiones como espacios de intervención y desvinculación. Instituciones Penitenciarias destacó la baja tasa de reincidencia de los condenados por terrorismo yihadista y defendió la eficacia de los programas de tratamiento, seguimiento y reinserción.
La clausura estuvo dedicada a las víctimas. Los testimonios de José Manuel Sánchez Riera, superviviente del atentado de Latifiya (Irak), y Pilar López Menchero, hija de una víctima del 11-M, recordaron la dimensión humana del terrorismo y la importancia de la memoria como herramienta de prevención. Los ponentes coincidieron en una idea final: frente a una amenaza cada vez más híbrida, digital y cambiante, la respuesta eficaz exige combinar inteligencia, cooperación, prevención y apoyo a las víctimas sin renunciar a los principios democráticos.




































