FUNDACIÓN VÍCTIMAS DEL TERRORISMO NÚMERO 91

73 TESTIMONIO Con el terrorismo aún presente en el mundo, ¿qué lecciones cree que deja aquel atentado? La primera es que hay cosas que no se pueden esconder, porque tarde o tempra- no salen a la luz. Por desgracia, los aten- tados no han dejado de ocurrir. Siguen ahí, con otras formas, pero con la misma raíz. Si no es una bomba, es un atropello. El que yo viví fue el primero de ese tipo en España, y tristemente no fue el últi- mo. Quizá nunca logremos evitarlos del todo, pero creo que, si hubiéramos sido más conscientes de que podía volver a pasar, el 11M no nos habría pillado tan desprevenidos. ¿Qué cree que deberían saber las nue- vas generaciones sobre lo que pasó en “El Descanso”? Me gustaría que los jóvenes se hicieran las mismas preguntas que yo me sigo haciendo: ¿cómo es posible que alguien decidiera poner una bomba en un res- taurante lleno de familias, en su mayoría españolas? Se decía que el objetivo era el ejército estadounidense, pero esa noche apenas había unos pocos americanos. La bomba, colocada junto a un baño, no hizo distinciones: fue un acto cruel, injusto y sin sentido. Ojalá los más jóvenes, al es- cuchar la historia de lo que pasó en “El Descanso”, se den cuenta de que hay ideas que no valoran la vida, y que esas ideas hay que combatirlas para que algo así no vuelva a ocurrir. ¿Qué le gustaría que se recordara hoy de su madre? Me gustaría que se recordara que era una chica de 22 años, llena de vida y con toda una historia por escribir, con sueños y planes que nunca llegó a cumplir. Ahora, “Lo que viví cambió mi forma de entender el mundo. Me cuesta aceptar que alguien pueda matar por una ideología” más que desear que otros la recuerden, lo que realmente quiero es poder traer a mi memoria su imagen, su voz y su presencia. Me gustaría tener más recuerdos de ella, pero era tan pequeño que muchos se me escapan, y lo que queda principalmente es un sentimiento profundo de pérdida. Aunque mi madre era muy joven y nunca sabré qué habría llegado a ser, estoy se- guro de que habría sido una madre ex- cepcional. Pero esa oportunidad me fue negada. Cuando alguien mata a una per- sona, no solo le quita la vida a ella, sino que también arranca un pedazo de la vida de todos los que la querían. No se trata solo de quien fallece, sino de todo lo que esa persona significaba para su familia y seres queridos. En el atentado de “El Descanso” no solo yo perdí a mi madre; muchas otras fa- milias sufrieron la pérdida de hermanos, padres, hijos. La vida de una persona está unida a la de muchas otras, y todas esas vidas cambiaron para siempre aquel día. Nada volvió a ser igual, ni para ellos ni para mí.”

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