FUNDACIÓN VÍCTIMAS DEL TERRORISMO NÚMERO 92

73 TESTIMONIO comunidad, aunque entendíamos sus ra- zones”, señaló. La sesión avanzó hacia la tercera cuestión: qué debería mejorar la sociedad en la aten- ción a las víctimas del terrorismo y cómo construir un relato completo de los hechos. Juan Carlos Cuervo destacó la conviven- cia y la paz como valores fundamentales: “Puedo decir que la gente que he conocido estos pocos años es gente de paz. Al estar asociado, he conocido personas de ideo- logías distintas a la mía, de lugares dife- rentes, de realidades distintas y de edades diversas, pero todos se abrazan. Esto me ha sorprendido mucho. Espero de la sociedad lo mismo que las víctimas estamos dando: un ejemplo de convivencia. Se deberían valorar principios fundamentales como la libertad y desterrar enfrentamientos”. Por su parte, Aurora Intxausti resaltó la ejemplaridad de las víctimas y la necesidad de preservar un relato histórico completo: “A lo largo de estos años no se ha produci- do ningún ataque por parte de las víctimas contra quienes cometieron los atentados, hemos defendido la libertad sin recurrir a la violencia. Hemos logrado una democra- cia sólida, pero es necesario contar nuestra historia. El relato no puede ser solo de los terroristas; debemos hacerlo todos noso- tros. Cualquiera podría haber sido víctima de ETA, o haberse encontrado con yihadis- tas en Burkina Faso, o sufrir la violencia de los grupos de extrema derecha en la Espa- ña de finales de los 70 y principios de los 80. Tenemos la obligación de enseñar en las escuelas lo que ocurrió, cómo ocurrió y por qué, y animar a los estudiantes a inves- tigar sobre esos años y sobre movimientos como ETA. Los universitarios tienen un gran trabajo de investigación por delante”. Para concluir, Juan Carlos Fernández hizo hincapié en la educación y la igualdad de reconocimiento para todas las víctimas: “Dar testimonio incita a conocer, a infor- marse. Al hilo de lo que dice Aurora, valoro la iniciativa de llevar los testimonios a las escuelas para que los niños y jóvenes com- prendan que el terrorismo es real, que se mata a personas por sus ideas y que existen grupos radicales que eliminan a quienes no piensan como ellos. Los testimonios siempre son constructivos y las víctimas se sienten arropadas. Además, todos los atentados deberían recibir el mismo trato social: en todos mueren personas y todas las víctimas merecen merecen el mismo reconocimiento”. “En una sociedad donde no existía el diálogo, no podías hablar libremente. Decir lo que pensabas, escribirlo o manifestarlo en televisión tenía consecuencias. Nosotros lo único que defendíamos era la libertad y pagamos por ello”

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