FUNDACIÓN VÍCTIMAS DEL TERRORISMO NÚMERO 92
72 Tras los relatos iniciales, la segunda cues- tión que planteó la moderadora fue si ha- bían sentido el apoyo de su entorno y qué importancia tuvo para ellos. Juan Carlos Cuervo recordó los primeros días tras el asesinato de Vicente y la pro- funda soledad que marcó aquel periodo. “Cuando ocurrió, mi padre recibió una llamada de la Administración —creo que del Gobernador Civil, aunque no puedo asegurarlo — diciéndole que no iniciara ninguna acción judicial, que se encargarían de los tres hermanos que quedábamos. Mi padre se negó. Ese fue el único apoyo que recibió en ese momento. No hubo respaldo de nadie porque mi hermano era anarquis- ta. En aquellos años, si había un asesinato del PCE, todo el mundo estaba allí, pero al funeral de Vicente solo pudieron asistir mis hermanos y mi tío, escoltados por la policía”, contó. Al cumplirse el 45 aniversario del asesina- to, la CNT rindió un homenaje a Vicen- te, y Juan Carlos pudo participar: “Esta- ban muy contentos de que asistiese, y yo les dije: ‘Es una pena, habéis tardado 45 años’. Ahora que mi hermano es recono- cido como víctima del terrorismo y gracias a las asociaciones hemos logrado mucho. Tenemos apoyo jurídico y, aunque la jus- ticia ya no la recuperaremos, estamos re- construyendo la memoria y el relato exacto de los hechos. Asociaciones como COVITE nos hacen sentir más fuertes y respalda- dos”, finalizó. Aurora Intxausti relató cómo el apoyo personal y familiar fue fundamental tras el atentado, junto al respaldo de los medios de comunicación en los que trabajaban: “Tuvimos una red de apoyo muy impor- tante, además de los dos medios, que nos ayudaron a trasladarnos de inmediato y nos ofrecieron puestos de trabajo. Pero a lo largo de todos estos años he echado en falta un apoyo institucional que nunca llegó”. Recordó también cómo, tiempo después, una depresión y problemas de salud mar- caron su vida. “Diez años después sufrí una depresión brutal y se me paralizó la mitad de la cara. Nos dieron 30.000 euros, lo único que hemos recibido en 25 años, pese a los enormes costes económicos que asumimos. Ninguna institución lla- mó para preguntarnos si necesitábamos ayuda durante los traslados de Madrid a San Sebastián o cuando teníamos que re- unirnos con nuestras familias en ciudades diferentes por seguridad. Nos encontramos muy solos; tuvimos que dejar nuestra casa en San Sebastián, alquilar un piso en Ma- drid y empezar de cero a los 40 años. Ni el Ayuntamiento ni el Gobierno Vasco, nadie se preocupó por nosotros, y eso siempre lo he echado de menos”, se lamentó. La periodista subrayó también que muchas personas afectadas por el terrorismo han sido olvidadas: “He visto a muchas mujeres que llegaban desde sus pueblos a recoger los cadáveres de sus hijos, guardias civiles de 21 años, y marcharse tan solas como habían llegado. La sociedad ha sido muy injusta con ellas. Ninguno de nosotros ele- gimos ser víctimas; nos hicieron víctimas a nuestro pesar”. Por su parte, Juan Carlos Fernández ofreció la perspectiva de un apoyo más inmediato y cercano en el caso de su her- mano: “Nuestra familia siempre se ha sen- tido respalda en el plano institucional. El atentado de César fue más reciente y las cosas parecen haber cambiado a mejor. Incluso la invitación a participar en este curso demuestra el interés por no olvidar y mantener viva la memoria de mi herma- no. Desde el día siguiente al asesinato, la Subdirección General de Apoyo a Víctimas del Terrorismo nos llamó para preguntar qué necesitábamos. No requerimos apoyo psicológico porque toda la familia estaba unida, pero pronto recibimos la visita de dos miembros de la Guardia Civil, que nos explicaron los trámites para recibir ayudas y nos informaron sobre la ley de protección a víctimas. Desde entonces ha habido un seguimiento constante”. El respaldo de amigos y vecinos de Pozo- blanco, de donde son oriundos, también fue decisivo. “Siempre apoyaron a mi her- mano en su labor misionera, financiando proyectos en África, y se volcaron en el fu- neral y las exequias tras su muerte”, contó Juan Carlos. En el plano religioso surgie- ron algunas diferencias de criterio: decidie- ron traer los restos de César a España, pese a que los salesianos aconsejaban dejarlos en África, donde había dedicado su vida y dejado una obra social y religiosa impor- tante. “Para nosotros era necesario tenerlo cerca, y ahí surgieron discrepancias con la
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