FUNDACIÓN VÍCTIMAS DEL TERRORISMO NÚMERO 95
EDUCACIÓN Y CONVIVENCIA 31 José María Galera falleció el 25 de agos- to de 2010 en Afganistán, víctima de un atentado perpetrado mientras desarrolla- ba su labor de instrucción y asesoramien- to a las fuerzas de seguridad locales, en el marco de la misión internacional des- plegada en el país. El ataque se produjo en la base Urrutia, situada en el centro de la ciudad de Qala-i-Naw, adonde cada mañana se desplazaban los agentes desde otra base ubicada a las afueras para llevar a cabo su tarea formativa. A primera hora de aquel día, el capitán Ga- lera y el alférez Abraham Leoncio, ambos miembros de la Guardia Civil, se encontra- ban impartiendo instrucción en un patio ante 47 agentes de la Policía afgana, con el apoyo del intérprete Ataollah Taefy Khalili, de origen iraní y nacionalidad española. Sin aviso previo, el chófer de un capitán de la Policía afgana abrió fuego contra ellos, va- ciando el cargador de su fusil antes de ser abatido por las fuerzas de seguridad. El intérprete murió en el acto. Grave- mente heridos, los dos guardias civiles fueron trasladados con urgencia al hos- pital de la base Ruy González de Clavijo, situada a aproximadamente kilómetro y medio del lugar del atentado. Pese a los esfuerzos del personal médico, no fue po- sible salvar sus vidas. José María Galera Córdoba y Abraham Leoncio formaban parte de un Equipo Operativo de Instrucción y Enlace de la Policía Nacional Afgana, una de las tareas más sensibles y arriesgadas de la misión: contribuir a la formación de las fuerzas locales para garantizar la segu- ridad y estabilidad del país. Su asesina- to evidenció, una vez más, la amenaza persistente del terrorismo yihadista y el alto precio que muchos servidores públi- cos han pagado en nombre de la paz y la cooperación internacional. José María Galera Córdoba pertenecía a una familia estrechamente ligada al servi- cio público. Hijo y nieto de guardias civiles y hermano de militares, decidió continuar esa tradición al ingresar en el Instituto Armado en el año 2000. Su vocación no tardó en orientarse hacia las unidades de mayor exigencia: solicitó voluntariamente Quienes trabajaron con él destacan su entrega, disciplina y compromiso, cualidades que marcaron una trayectoria profesional reconocida con dos medallas al Mérito de la Guardia Civil y una condecoración de la OTAN el traslado a la Grupo de Acción Rápida (GAR), grupo especializado en la lucha antiterrorista con sede en Logroño y ac- tuaciones en Euskadi y Navarra. Quienes trabajaron con él destacan su entrega, disciplina y compromiso, cua- lidades que marcaron una trayectoria profesional reconocida con dos medallas al Mérito de la Guardia Civil y una conde- coración de la OTAN, reflejo de su impli- cación tanto en el ámbito nacional como en las misiones internacionales. Fuera del uniforme, José María encontra- ba en el deporte un espacio de encuentro y disfrute. Aficionado a la natación y, espe- cialmente, al baloncesto, dio sus primeros pasos en este deporte en el equipo local de Tarazona de la Mancha (Albacete), compartiendo entrenamientos y partidos con sus primos y con jóvenes madrileños que visitaban con frecuencia la localidad. Aquellos años dejaron una huella pro- funda entre quienes le conocieron, tanto dentro como fuera de la pista. Poco antes de su destino en Afganistán, José María inició una nueva etapa per- sonal. Había contraído matrimonio con una joven ucraniana, a la que conoció en el País Vasco tres meses antes de su tras- lado. La boda se celebró en Tarazona de la Mancha, en una ceremonia íntima y emo- tiva en la que el capitán vistió el traje de gala de la Guardia Civil, símbolo de la ins- titución a la que había dedicado su vida. Tras conocerse la noticia de su asesinato, el impacto fue inmediato en su localidad natal. El alcalde de Tarazona de la Man- cha decretó tres días de luto oficial, como muestra del dolor compartido y del re- conocimiento de todo un pueblo a quien había servido a España hasta el último día.
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