FUNDACIÓN VÍCTIMAS DEL TERRORISMO NÚMERO 95

76 TESTIMONIO ¿QUÉ VALORES APRENDIÓ DE SU PADRE? Sobre todo, la perseverancia y el sentido de la responsabilidad. Recuerdo que, cuan- do yo atravesaba dificultades académicas, él insistía mucho en que no me rindiera. Siempre me animaba a seguir adelante y a terminar aquello que había empezado. Con el tiempo me he dado cuenta de que esa forma de afrontar las dificultades se ha quedado conmigo. Muy mal tienen que ponerse las cosas para que yo tire la toalla. DESPUÉS DE TODO LO VIVIDO, ¿QUÉ LE HA ENSEÑADO ESTA EXPERIENCIA? Si puedo extraer al- guna enseñanza, es que todos somos más fuertes de lo que creemos. Si antes del aten- tado alguien me hubiera dicho que iba a pasar el resto de mi vida sin mi padre, no lo habría creído posible. Ahora me doy cuenta de que llevo más años viviendo sin él que los que pude compartir a su lado. Eso no significa que siempre seas fuerte. Hay días malos y momentos en los que te preguntas por qué te tocó vivir algo así. Pero al final sigues adelante porque no queda otra, y porque tengo el convenci- miento de que mi padre no habría querido que nuestra vida se detuviera para siempre. ¿QUÉ SIENTE CUANDO SE PLANTEA LA POSIBILIDAD DEL PERDÓN? ¿CÓMO CAMBIÓ LA VIDA DE SU FAMILIA DESPUÉS DEL ATENTADO? La cambió por completo. Nuestro núcleo familiar quedó destrozado. Con el paso de los años hemos seguido adelante, pero siempre existe una ausencia que nos acompaña. Especialmente para mi madre fue muy duro. Ahora, cuando pienso en la edad que ella tenía entonces, me resulta imposible imaginar cómo consiguió sacar todo adelante. USTED ERA UNA ADOLESCENTE CUANDO OCURRIÓ. ¿CÓMO AFRONTÓ UNA SITUACIÓN ASÍ? Mirándolo ahora con perspectiva, creo que concentrándome en el día a día. En aquel momento decidí aparcar temporalmente los estudios porque no tenía capacidad para concentrarme. Estaba a pocos meses de la Selectividad y no me veía preparada para afrontar algo tan importante. Necesitaba mantenerme ocupada. Re- cuerdo que empecé a prepararme para sacarme el carné de conducir porque había muchas cuestiones prácticas que resolver y necesitaba centrar mi aten- ción en algo. También me ayudó mucho el apoyo de mis amigos. La gente se vol- có con nosotros. Al final fuimos tirando, como se suele decir. ¿CÓMO SE SUPERA UNA PÉRDIDA ASÍ? Creo que se aprende a convivir con ella, pero no desaparece nunca. La vida sigue, claro que sigue. Tenemos momentos felices, ha- cemos planes y seguimos adelante. Pero siempre hay una ausencia que te acompaña. Hay días en los que estás ocupada y apenas piensas en ello, pero llegan momentos de calma o fechas importantes y vuelves a pre- guntarte por qué esapersona yano está aquí. ¿HAY MOMENTOS EN LOS QUE ESA AUSENCIA SE HACE MÁS PRESENTE? Muchísimos. El día de mi boda me acor- dé especialmente de él. También cuando nacieron mis hijos. Son esos momentos en los que te das cuenta de todo lo que se perdió. Ahora veo a mis hijos y pienso en lo in- justo que fue que les privaran de conocer a su abuelo. Yo al menos pude disfrutar de mi padre durante diecisiete años. Ellos ni siquiera han tenido esa oportunidad. ¿LE MOLESTA CUANDO HAY QUIEN PLANTEA QUE, DESPUÉS DE MÁS DE VEINTE AÑOS, YA DEBERÍA HABERSE PASADO PÁGINA? Sí, porque, aunque hayan transcurrido más de veinte años, nosotros seguimos viviendo con las consecuencias. A veces parece que la sociedad piensa que el tiem- po lo cura todo, pero no es así. Nosotros perdimos a nuestros seres queridos y con- vivimos con esa ausencia. Aunque los años pasen, hay heridas que no desaparecen. “A veces parece que la sociedad piensa que el tiempo lo cura todo, pero no es así. Aunque los años pasen, hay heridas que no desaparecen”

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