FUNDACIÓN VÍCTIMAS DEL TERRORISMO 96

EDUCACIÓN Y CONVIVENCIA 17 Una visión similar compartió el respon- sable de Contraterrorismo y Yihadismo del CNI, que definió al centro como un servicio de inteligencia integral capaz de combinar capacidades técnicas y huma- nas. En su intervención identificó distin- tos vectores de riesgo, desde los actores solitarios y los combatientes retornados hasta las prisiones, la propaganda digital o la inestabilidad en regiones como Afga- nistán y el Sahel. La cooperación institucional ocupó asi- mismo un papel central. Francisco Co- ria , jefe de la División Antiterrorista del CITCO, destacó la evolución experimen- tada por España desde los atentados del 11 de marzo de 2004. Si entonces predo- minaban las compartimentaciones y los recelos en el intercambio de información, hoy existe una cultura de coordinación mucho más consolidada entre fuerzas de seguridad, servicios de inteligencia, fisca- lía y órganos judiciales. A ello se suma una dimensión interna- cional cada vez más relevante. Gonzalo de Salazar , del Ministerio de Asuntos Exteriores, recordó que el contraterro- rismo se ha convertido también en una tarea diplomática global, desarrollada en el marco de Naciones Unidas y de múlti- ples iniciativas multilaterales. PRISIONES, PREVENCIÓN Y MEMORIA Otra de las áreas analizadas fue el siste- ma penitenciario. El secretario general de Instituciones Penitenciarias, Ángel Luis Ortiz, explicó que las cárceles constituyen simultáneamente un espacio de riesgo y una oportunidad para la intervención. Destacó la baja tasa de reincidencia re- gistrada entre los condenados por terro- rismo yihadista y defendió los programas de desvinculación y tratamiento desarro- llados en prisión. El objetivo, señaló, no es únicamente controlar el riesgo, sino favorecer procesos efectivos de reinte- gración. El curso concluyó con una reflexión cen- trada en las víctimas del terrorismo. Los testimonios de José Manuel Sánchez Riera , superviviente del atentado de La- tifiya (Irak), y de Pilar López Menchero , hija de una víctima del 11-M, recordaron el impacto duradero de la violencia terro- rista más allá de las estadísticas. Ambos coincidieron en destacar la im- portancia de la memoria, el acompaña- miento y el reconocimiento social. López Menchero reclamó sustituir la compasión entendida como lástima por una empatía auténtica capaz de comprender el reco- rrido vital de quienes conviven con las secuelas del terrorismo. La directora general de Apoyo a las Vícti- mas del Terrorismo, Montserrat Torija , defendió un modelo de protección inte- gral que permita activar ayudas y recono- cimiento desde los primeros momentos posteriores a un atentado. La conclusión final del curso fue unáni- me. Ninguna respuesta exclusivamente policial resulta suficiente frente a una amenaza que se mueve con rapidez en- tre redes sociales, entornos de juego, plataformas digitales y conflictos inter- nacionales. La prevención temprana, la inteligencia, la cooperación institucional, la protección de los menores y la memo- ria de las víctimas aparecen hoy como pi- lares inseparables de una estrategia que debe afrontar un terrorismo cada vez más fragmentado y cambiante sin renunciar a los principios democráticos que pretende defender.

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