FUNDACIÓN VÍCTIMAS DEL TERRORISMO 96

EDUCACIÓN Y CONVIVENCIA 23 A su juicio, la derrota operativa de ETA no ha eliminado completamente deter- minadas inercias sociales ni algunos mecanismos de silenciamiento presentes durante años. El sociólogo expresó su preocupación por la persistencia de espacios donde la condena del terrorismo continúa sien- do insuficiente o ambigua y advirtió del riesgo de que las víctimas pierdan pro- gresivamente su papel como referencia moral en la esfera pública. Su análisis concluyó con una reflexión sobre la necesidad de preservar la me- moria democrática para evitar que el paso del tiempo diluya la gravedad de lo ocurrido. LA VOZ DE QUIENES SOBREVIVIERON El momento más emotivo del curso lle- gó con la mesa de testimonios moderada por la subdirectora general de Apoyo a Víctimas del Terrorismo, Belén Sanz . La primera intervención correspondió a Alicia Gómez Condado , hija de una de las víctimas mortales del atentado de la cafetería Rolando de 1974. Su re- lato recordó las décadas de sufrimiento e incertidumbre vividas por numerosas familias cuyos casos permanecieron sin resolver durante años. A continuación, intervino Víctor Pavón , superviviente del atentado contra el res- taurante El Descanso de 1985. Estable- ció un paralelismo entre la propagación de los discursos radicales en internet y la expansión de un virus, defendiendo el testimonio de las víctimas como una herramienta eficaz para combatir el fa- natismo. Cerró la mesa María Esther Sáez , herida grave en los atentados del 11 de marzo de 2004. Tras trece operaciones quirúrgicas y una jubilación anticipada derivada de las secuelas sufridas, compartió una re- flexión profundamente humana sobre el perdón y la reconstrucción personal. Los testimonios pusieron rostro a las cifras y recordaron que detrás de cada atentado existe una huella permanente en la vida de las personas afectadas. UNA CONCLUSIÓN COMPARTIDA La clausura estuvo marcada por un mensaje de continuidad y compromi- so. Florencio Domínguez recordó que la idea de organizar este curso había surgido años atrás y celebró la consoli- dación de una iniciativa que ha logrado reunir en un mismo espacio a responsa- bles institucionales, expertos y víctimas, al tiempo que la directora gerente de la Fundación Víctimas del Terrorismo, María Zarauz , agradeció el trabajo de cuantos participaron en la organización del curso. Las sesiones desarrolladas en El Escorial dejaron una conclusión ampliamente compartida por participantes y asisten- tes: la desaparición de los atentados no implica el final del terrorismo ni de sus consecuencias. La amenaza continúa adaptándose a los cambios tecnológicos, sociales y geopo- líticos. Aparecen nuevos espacios de radicalización, nuevas formas de extre- mismo y nuevos desafíos para las demo- cracias. Frente a ellos, las jornadas reivindicaron una respuesta integral basada en la in- teligencia, la cooperación internacional, la educación, la memoria y el respeto a las víctimas. Porque, como quedó patente a lo largo de todo el curso, la seguridad no de- pende únicamente de policías, jueces o servicios de inteligencia. También des- cansa en una sociedad capaz de recor- dar, comprender y defender los valores democráticos frente a quienes pretenden imponer sus objetivos mediante el mie- do y la violencia. Esa fue, en definitiva, la principal lección de El Escorial: el te- rrorismo cambia de forma, pero la res- ponsabilidad de enfrentarlo sigue siendo una tarea colectiva. TESTIMONIOS Alicia Gómez Hija de Francisco Gómez Vaquero ` Texto: Ana García LA VOZ DE LAS VÍCTIMAS La mesa de testimonios fue uno de los momentos centrales de la segun- da jornada del curso “El terrorismo y la sociedad”. Moderada por Belén Sanz, subdirectora general de Apoyo a Víctimas del Terrorismo, reunió a Alicia Gómez Condado, hija de Fran- cisco Gómez, víctima del atentado de la Cafetería Rolando; Víctor Pa- vón, superviviente del atentado de El Descanso e hijo de María Cruz García, una de las víctimas; y Ma- ría Esther Sáez, herida de gravedad en los atentados del 11-M. Tres ex- periencias distintas, separadas por décadas y por diferentes formas de violencia terrorista, pero unidas por las consecuencias que dejaron en sus vidas y por una misma voluntad: que recordar sirva para comprender y para prevenir el terrorismo. ALICIA GÓMEZ: EL PESO DEL SILENCIO Alicia tenía cuatro años cuando su padre, Francisco, salió de casa para ir a trabajar y no volvió. Era coci- nero en la Cafetería Rolando, en la calle del Correo de Madrid, donde el 13 de septiembre de 1974 una bom- ba acabó con la vida de 13 personas y dejó más de 70 heridos.

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