FUNDACIÓN VÍCTIMAS DEL TERRORISMO 96

44 FUNDACIÓN MIGUEL ÁNGEL BLANCO ASOCIACIONES Y FUNDACIONES MANIFIESTO H an pasado 29 años. La misma edad que tenía Miguel Ángel Blanco cuando ETA lo secuestró y asesinó. Un joven de Ermua, concejal del Partido Popular, que iba a trabajar un 10 de julio cuando la organización terro- rista decidió darle un plazo de 48 horas a su vida, a su futuro. Sus asesinos tienen nombre: Javier García Gaztelu, Txapote; Irantzu Gallastegui; y José Luis Geresta. No vamos a olvidarlos. Como tampoco vamos a olvidar lo que ocurrió en las calles. Alrededor de dos millones y medio de españoles participa- ron en alguna de las manifestaciones que se convocaron en toda España durante aquellos días. En Bilbao, medio millón de personas salieron juntas: la mayor manifestación contra ETA de la historia. Gritaron: “Sin pistolas no sois nada”. Trazaron la línea más importante de nuestra historia reciente: la que separa a los demócratas de los terroristas. Y la sostuvieron con dignidad y sin rendirse. De esa resistencia cívica nació algo que ningún terrorista supo prever. Nacía el Espíritu de Ermua. Y ese espíritu es el legado de Miguel Ángel Blanco. Un legado que no pertenece al pasado. Un legado que nos interpela hoy, direc- tamente, a cada uno de nosotros. UN LEGADO QUE NOS COMPROMETE Nos compromete a defender la verdad de lo que ocurrió. ETA fue una organización terrorista que durante más de cincuen- ta años asesinó, secuestró, extorsionó y persiguió a quienes pensaban diferente. Durante demasiados años en España hubo personas que vivieron señaladas, escoltadas y amenazadas. Personas que tuvieron que mirar debajo del coche cada mañana o cambiar las rutinas de sus hijos. Mientras tanto, los terroristas decidían quién merecía vivir y quién debía morir. ETA fue derrotada gracias al sacrificio de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, a la independencia de la Justi- cia y a la resistencia cívica de la sociedad española. Pero también fue derrotada por miles de personas anónimas que jamás ocuparán titulares ni aparecerán en libros de his- toria. Personas que siguieron adelante pese al miedo. Concejales amenazados. Periodistas señalados. Profesores, jueces, empresarios, policías, vecinos y ciudada- nos corrientes que defendieron la libertad desde la normalidad de sus vidas.

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