FUNDACIÓN VÍCTIMAS DEL TERRORISMO 96
45 ASOCIACIONES Y FUNDACIONES Olvidar o manipular esa historia, relati- vizar o blanquear el terrorismo, es per- vertir la democracia que nos ampara y humillar a las víctimas. Porque la verdad no es negociable. No lo fue cuando más nos costaba defenderla, y no puede serlo ahora. Las víctimas del terrorismo no pedimos venganza. Pedi- mos que se diga la verdad, que se haga justicia, que se respete la memoria de quienes lo perdieron todo. El legado de Miguel Ángel Blanco nos compromete a no apartar la mirada de lo que está ocurriendo ahora mismo. Porque esa verdad que tanto nos costó defender sigue siendo atacada hoy, de otras formas y con otros instrumentos. A lo largo de este año, los presos de ETA han alcanzado su mayor nivel de benefi- cios penitenciarios. Sin arrepentimiento, sin colaboración con la Justicia, sin un solo gesto hacia las víctimas. Y más de 300 asesinatos siguen sin resolverse. Su legado nos compromete a recordar que EH Bildu, heredero político de quie- nes mataron a Miguel Ángel Blanco, no condena su asesinato ni ningún otro. Un partido que lleva terroristas con delitos de sangre en sus listas electorales y que nunca ha realizado la más mínima autocrítica. Un partido que impulsa la mayoría de los homenajes a presos de ETA cada verano en las en las fiestas del País Vasco y Na- varra. Solo en el verano de 2025 se cele- braron 135 homenajes a presos de ETA.Y esto no es libertad de expresión, es hu- millación a las víctimas del terrorismo. Homenajes a los asesinos, impunidad para sus crímenes, silencio ante las víc- timas. Esa es la realidad que vivimos 29 años después. Su legado, nos compromete a exigir justicia. Los asesinos deben cumplir sus condenas, sin atajos, sin alegalida- des. La justicia no puede negociarse ni puede ser moneda de cambio en ningún pacto de gobierno. Y NOS COMPROMETE A COMBATIR LA DESMEMORIA. La sociedad española tiene la obligación moral de transmitir a las nuevas genera- ciones lo que ocurrió. No para alimentar el enfrentamiento, sino para que el olvi- do no abra la puerta a la manipulación. Y aquí queremos hablar directamente a los jóvenes, a quienes no vivieron aque- llos días de julio de 1997. Que los jóvenes sepan que Miguel Án- gel Blanco no es solo un símbolo. Era una persona. Un hombre joven, bueno y valiente, que se sentía orgulloso de ser vasco y español sin complejos y, por eso, ETA lo eligió. Porque no tenía miedo. Porque su sola existencia desmentía el relato de los fanáticos. Que sepan que en julio de 1997 otros jó- venes como ellos salieron a la calle sin que nadie los convocara. Que llenaron plazas en Ermua, en Bilbao, en Madrid, en toda España. Que escribieron su nom- bre en carteles. Que lloraron por alguien a quien no conocían. Que esa respuesta — espontánea, masiva, sin miedo — fue el momento más importante de la historia reciente de nuestra democracia. Y que esa historia es también la suya. Tiene que saber que no se puede rees- cribir la verdadera historia, que no se pueden blanquear a los asesinos y con- vertir a los verdugos en víctimas. Que frente a ese relato falso, el mejor instru- mento es conocer la verdad. Hoy, como cada año, miles de ciudada- nos y decenas de municipios de toda Es- paña le recuerdan. El nombre de Miguel Ángel Blanco vuelve a sonar en plazas y ayuntamientos de toda España. Y este acto nos recuerda que somos una socie- dad que no olvida, que no se rinde, que sabe que la libertad tiene un precio que otros pagaron. Su legado no es una página del pasado. Es la página que cada generación tiene la obligación de leer, entender y defen- der. Y por ello, su legado nos comprome- te un año más.
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