FUNDACIÓN VÍCTIMAS DEL TERRORISMO 96
69 TESTIMONIO ¿QUÉ RECUERDOS TIENE DE SU INFANCIA Y JUVENTUD? Tengo muy buenos recuerdos de mi infan- cia. Éramos una familia unida, en la que me inculcaron valores como el respeto a los demás, la educación, el espíritu de sa- crificio y la honradez. El entorno social en el que crecí también era magnífico. Quizá por todo ello, siempre he sido una persona con muchas inquietudes. Me gustaba mu- cho tocar la guitarra y practicar deportes de montaña, sobre todo escalada. Era un jovenmuy extrovertido, conmuchas ganas de vivir, de hacer cosas y con muchos pro- yectos e ilusiones por delante. ¿POR QUÉ DECIDIÓ INGRESAR EN LA GUARDIA CIVIL? Con 18 años terminé mis estudios y, como tenía que realizar el servicio militar obliga- torio, decidí hacerlo como voluntario espe- cial en la Guardia Civil Auxiliar. Desde el principio tuve intención de continuar mi carrera profesional y, más adelante, acce- der a los grupos de rescate demontaña. Me atraía la posibilidad de ayudar a personas que estuvieran en dificultades, pero tam- bién todo aquello que para mí representa- ba la institución y mi forma de entender el servicio a los demás. Con 19 años me puse por primera vez el uniforme verde y sentía que tenía todo un futuro por delante. Mi vida estaba llena de sueños. HAN PASADO CUATRO DÉCADAS DESDE EL ATENTADO. CUANDO PIENSA EN AQUEL DÍA, ¿QUÉ ES LO PRIMERO QUE LE VIENE A LA MEMORIA? Los primeros recuerdos me vienen en forma de imágenes, como fotogramas: el autobús, su interior, el entorno y todo lo que viví en aquellos momentos. Son re- cuerdos que aparecen como flashbacks . Era un día normal. Estábamos en la Es- cuela de Tráfico de la Guardia Civil en Madrid, en la calle de Príncipe de Verga- ra, y teníamos programadas unas prácti- cas de motocicleta. Lo habitual era hacer un trayecto similar, aunque algunas veces cambiábamos algo el recorrido. Desde allí nos desplazábamos hasta un campo de maniobras del Ejército, donde hacíamos las prácticas con las motos de campo. Ese día, precisamente, nos tocaba hacerlo. ¿CÓMO FUE EL MOMENTO DE LA EXPLOSIÓN? Yo iba sentado junto al pasillo, en el lado izquierdo del autobús, entre la mitad y la parte trasera. No llegué a percibir la explo- sión. Cuando recuperé el conocimiento, te- nía todo el cuerpo lleno de sangre. Había perdidomomentáneamente la visión del ojo derecho. Tenía un trozo de metal clavado en el párpado superior y otro en el labio, además de cristales y metralla por todo el cuerpo. Los que estábamos heridos, pero aún podíamos mante- nernos en pie, salimos del autobús y cogimos las pis- tolas. Incluso introdujimos una bala en la recámara por- que no sabíamos qué había ocurrido ni qué nos podía esperar afuera. Salimos por la parte delantera y, unos asientos más adelante, en- contramos a uno de nues- tros compañeros, que tenía la parte superior de la cabeza completamente destrozada. Era el mayor de nosotros: te- nía 25 años, estaba casado y esperaba su primer hijo. “Me construí una coraza para intentar que nada pudiera hacerme daño” Cuando nos dimos cuenta de la magnitud del atentado, decidimos volver a entrar. El autobús estaba completamente destroza- do. Había agujeros provocados por la me- tralla, por tuercas y tornillos que habían entrado como si fueran proyectiles. Una nube blanca lo cubría todo, olor a goma y gasóleo quemado. Atravesamos aquella nube y llegamos a la parte trasera del vehículo. Lo que vimos fue terrible: cuerpos de compañeros mutilados y lle- nos de sangre. Nos sacaron del autobús agarrándonos por la espalda. No pudimos hacer nada por ellos.
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