Exposición sobre sus cincuenta años de historia

Este fue el último acto público de Florencio Domínguez como director del Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo, poniendo fin a una etapa en la que ha impulsado decisivamente la recuperación de la memoria de todas las víctimas y la divulgación de la historia del terrorismo en España.

La Biblioteca Rafael Azcona de Logroño acogió el 8 de octubre la inauguración de la exposición Cincuenta años de plomo. 1975-2025. La senda sangrienta de los GRAPO, una muestra, abierta hasta el 30 de octubre, promovida por el Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo y la Fundación Víctimas del Terrorismo que reivindica la memoria de quienes padecieron la violencia de la organización terrorista y contribuye a difundir una realidad todavía poco conocida por buena parte de la sociedad española. El acto reunió a representantes institucionales, asociaciones de víctimas y ciudadanos en torno a una iniciativa que sitúa a las víctimas en el centro del relato y que, además, tiene una especial vinculación con La Rioja por recordar a la única víctima riojana asesinada por los GRAPO, el médico José Ramón Muñoz Fernández.

La inauguración estuvo marcada también por otro hecho significativo. Fue el último acto público de Florencio Domínguez como director del Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo, poniendo fin a una etapa en la que ha impulsado decisivamente la recuperación de la memoria de todas las víctimas y la divulgación de la historia del terrorismo en España.

Abrió el acto Jerónimo López, presidente de la Asociación Riojana de Víctimas del Terrorismo, quien destacó la importancia de que la exposición llegue a la capital riojana. “La llegada de la exposición a Logroño refuerza el compromiso de nuestra ciudad y de nuestra sociedad con la memoria de las víctimas del terrorismo, con su reconocimiento y dignidad, y con la defensa de los valores democráticos y constitucionales”, afirmó.

López recordó además el vínculo directo entre la exposición y la historia de La Rioja. “Entre las víctimas mortales de los GRAPO se encuentra el doctor José Ramón Muñoz Fernández, riojano nacido en Logroño y jefe del Servicio de Medicina Interna del Hospital Miguel Servet de Zaragoza, asesinado el 27 de marzo de 1990 en su consulta particular mientras ejercía su labor profesional”. Sus palabras sirvieron para situar desde el inicio el protagonismo que la muestra concede a las víctimas y a sus historias personales.

El presidente de la asociación agradeció también la colaboración de quienes han hecho posible el proyecto, destacando especialmente el papel de la directora de la biblioteca. “Quiero personalizar de manera especial en María Esther Felipe, directora de la Biblioteca Rafael Azcona, por su extraordinaria disposición, cercanía y colaboración, así como por las facilidades y el apoyo que nos ha brindado desde el primer momento para hacer realidad esta exposición”.

La muestra propone un recorrido por los cincuenta años transcurridos desde la aparición pública de los Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre. A través de paneles explicativos, fotografías, documentos, material propagandístico y testimonios audiovisuales, reconstruye la historia de una organización nacida en 1975 como brazo armado vinculado al Partido Comunista de España (Reconstituido), de inspiración maoísta. Su objetivo era subvertir por la violencia el sistema político español e implantar un régimen marxista-leninista.

Durante más de tres décadas los GRAPO desarrollaron una intensa actividad criminal basada en asesinatos, secuestros, extorsiones, atentados con explosivos y atracos. Entre 1975 y 2006 perpetraron múltiples acciones terroristas que dejaron 93 víctimas mortales y cerca de un centenar de heridos reconocidos oficialmente. Estas cifras los convierten en el tercer grupo terrorista más sanguinario de Europa, solo por detrás de las distintas organizaciones armadas irlandesas y de ETA.

La comisaria de la exposición, Carmen Ladrón de Guevara, explicó que el proyecto nace del convencimiento de que existía una deuda pendiente con quienes sufrieron esa violencia. “La sociedad española y las personas dedicadas a investigar el fenómeno del terrorismo en España teníamos una deuda con las víctimas de los GRAPO, quienes siempre se han sentido víctimas de segunda”, señaló.

Su propósito ha sido construir un relato centrado en las personas y no en los terroristas. “Es importante poner cara a las víctimas y que conozcamos sus historias”, afirmó. Esa voluntad se aprecia desde los primeros paneles, donde aparecen los rostros de una gran mayoría de los asesinados por la organización. Frente a la frialdad de las estadísticas, el visitante encuentra nombres, biografías y trayectorias vitales interrumpidas por la violencia.

Uno de los apartados más destacados está dedicado a José Ramón Muñoz Fernández. El panel explica que el médico logroñés fue asesinado en Zaragoza el 27 de marzo de 1990 por dos miembros de los GRAPO que acudieron a su consulta haciéndose pasar por pacientes. La organización justificó el crimen como represalia por haber contribuido a salvar la vida de varios presos del grupo en huelga de hambre. Los terroristas le dispararon tres veces, provocando una muerte prácticamente inmediata. La exposición describe aquella acción como una ejecución fría y planificada que evidenció la brutalidad con la que actuaba la organización.

La muestra analiza además uno de los instrumentos fundamentales de los GRAPO: la propaganda. Según explicó la comisaria, “la utilizaban para darse a conocer y captar adeptos”. Publicaciones, revistas, carteles, pegatinas y pasquines permitían a la organización extender sus mensajes y reivindicar sus atentados.

Ladrón de Guevara insistió también en el valor pedagógico de esta iniciativa, especialmente para los jóvenes. “Es la manera que tenemos de vacunarnos para evitar que no vuelva a ocurrir”, afirmó. A su juicio, “tienen que saber que no hay ninguna justificación ni ningún fin de ningún tipo que justifique el uso de la violencia”. Por ello, defendió la necesidad de escuchar el testimonio de las víctimas y de transmitir la historia reciente de España a las nuevas generaciones.

El momento más emotivo de la inauguración llegó con la intervención de Florencio Domínguez. En su despedida pública como director del Memorial, reivindicó el deber de recordar a todas las víctimas del terrorismo sin distinciones. “Las víctimas de los GRAPO desaparecieron de la sociedad española debido a la omnipresencia de ETA”, afirmó, señalando una realidad que contribuyó a que muchas de ellas quedaran relegadas durante años a un segundo plano.

Domínguez insistió en que la exposición tiene precisamente la misión de corregir esa situación. “No hablamos únicamente de cifras. No hablamos de estadísticas. Hablamos de vidas truncadas. De proyectos personales y familiares que quedaron interrumpidos para siempre”. Para el director saliente del Memorial, la principal fortaleza de la muestra radica en su capacidad para devolver el protagonismo a quienes sufrieron directamente la violencia.

“Esta exposición tiene un valor muy importante porque sitúa a las víctimas en el centro del relato. Porque cuenta la historia de los GRAPO desde la historia de quienes sufrieron sus crímenes”, señaló. Recordó además que “no existen víctimas de primera y de segunda categoría. Todas las víctimas del terrorismo merecen la misma dignidad, el mismo respeto y el mismo lugar en nuestra memoria colectiva”.

Su intervención concluyó con una reflexión sobre la función de la memoria democrática. Recordó que muchos jóvenes no habían nacido cuando los GRAPO cometieron sus últimos atentados y defendió la necesidad de transmitirles que ninguna causa política puede justificar jamás la violencia.

El respaldo institucional a la exposición quedó reflejado en las palabras de Rafael Lorés, director general de los Servicios Jurídicos del Gobierno de La Rioja, quien destacó “la importancia de poner cara a las víctimas, recordar a quienes pagaron con su vida”, subrayando además la sensibilidad del Ejecutivo riojano hacia las víctimas y las asociaciones que las representan.

La clausura del acto corrió a cargo de la delegada del Gobierno en La Rioja, Beatriz Arraiz, quien resumió el sentido último de la muestra: “El paso del tiempo nunca borra el dolor. Esta exposición pone rostro y memoria donde pudo haber silencio. Mira de frente a nuestra historia, para decir a las víctimas que no están solas. Que su dolor está en la memoria de todos”. Un mensaje que sintetizó el propósito de una exposición concebida para mantener viva la verdad, la justicia y la dignidad de las víctimas del terrorismo.