FUNDACIÓN VÍCTIMAS DEL TERRORISMO NÚMERO 94

40 ASOCIACIONES Y FUNDACIONES salud mental. En las relaciones familiares. Continúan en la vida diaria de miles de personas que siguen conviviendo con las consecuencias de aquel 11 de marzo. El atentado no duró una mañana. Sus efec- tos duran generaciones. Y precisamente porque sabemos lo que significa atravesar una tragedia colecti- va, queremos dedicar hoy unas palabras de solidaridad y cariño a las víctimas del reciente accidente ferroviario de Ada- muz. Ver los vagones destrozados. Ver a las familias esperando noticias. Sentir esa incertidumbre insoportable entre la esperanza y el miedo. Todo eso despertó en nosotros recuerdos muy dolorosos. Por eso queremos decirles algo sencillo, pero de corazón: No estáis solos. Porque el do- lor puede acompañarse. Y ya que hablamos de las noticias que nos interpelan, tampoco podemos dejar de mirar con preocupación lo que ocurre en el mundo. No solo Ucrania o Gaza. Ahora también Irán. Las víctimas del terrorismo sabemos bien que las guerras rara vez se quedan donde empiezan. Sus consecuencias viajan, atraviesan fron- teras y terminan alcanzando a personas que nunca tuvieron poder para decidirlas. Hace veintitrés años el mundo también vivía tiempos de guerra. Y nosotros sabe- mos demasiado bien qué ocurrió después. Cuando empiezan las guerras, los podero- sos dan las órdenes. Los ricos financian la contienda. Y los pobres envían a sus hijos. Cuando terminan, los poderosos celebran las victorias. Los ricos cobran los intere- ses. Y las familias enterramos a nuestros hijos. Por eso hoy queremos decirlo con cla- ridad: No queremos repetir la historia. Las víctimas del terrorismo sabemos que cada escalada de violencia puede terminar teniendo consecuencias humanas devas- tadoras. Por eso, desde nuestra memoria y desde nuestro dolor, seguiremos defen- diendo siempre lo mismo: la vida, la paz y la responsabilidad de no empujar al mundo hacia tragedias que luego nadie puede reparar. Hoy queremos agradecer, con todo cariño, a los servicios públicos. A sanitarios, po- licías, bomberos, psicólogos, trabajadores sociales, personal de emergencias, jueces, docentes y tantos profesionales que sos- tuvieron —y siguen sosteniendo— a las víctimas cuando todo se rompió. Ellos representan algo esencial: la presencia del Estado cuando la ciudadanía más lo necesita. Los servicios públicos no son un gasto prescindible. Son una red de pro- tección social que salva vidas, reconstruye dignidades y evita que el dolor se convier- ta en abandono. Debilitarlos o vaciarlos en nombre de políticas que solo miran el corto plazo no es eficiencia. Es fragilidad ASOCIACIÓN 11M AFECTADOS TERRORISMO social. Y esa fragilidad siempre termina pagándose más cara. En sufrimiento hu- mano y en desigualdad. También queremos agradecer hoy a las gentes de bien. A quienes, durante años difíciles, no aceptaron las mentiras ni las manipulaciones interesadas sobre el 11 de marzo. A quienes defendieron los hechos frente al ruido. Porque hubo años en los que el dolor de las víctimas fue utilizado como campo de batalla. La verdad ne- cesita defensores tranquilos, constantes y honestos. Gracias a quienes habéis he- cho vuestra nuestra causa. Porque lo que nunca tendría que haber sucedido no ter- minó con las explosiones. Después llegó algo igualmente doloroso: la utilización oportunista de nuestro sufrimiento. Uti- lización política. Utilización económica. Utilización mediática. Cuando la mentira se instala sobre una tragedia, las víctimas sufren dos veces: primero por el suceso, el atentado, y después por la distorsión de su memoria. Hoy uno de cada tres españoles continúa creyendo que algo extraño, qui- zás relacionado con ETA, ocurrió el 11 de marzo de 2004. Es un dato, no una opi- nión. Es la prueba de cuánto daño puede hacer la desinformación sostenida en el tiempo. Y en este asunto no hay medias tintas. No hay neutralidad posible entre la verdad acreditada y la falsedad interesada. Muchas veces nos preguntan si se ha he- cho justicia. Desde el punto de vista legal, el Estado de derecho actuó. Y hubo con- denas, aunque menos de las que hubiéra- mos deseado. Se hizo toda la justicia que entonces era posible. Y conviene recordar- lo: las víctimas no buscamos venganza. Pero desde el punto de vista humano no hay justicia cuando las personas que per- dimos no regresan. Por eso la memoria se convierte en la última forma de justicia. Recordar lo que realmente sucedió. Nom- brar la verdad. Transmitirla a quienes no estuvieron allí. La memoria no es venganza. La memoria es responsabilidad democrática. Últimamente nos preocupa algo que em- pezamos a percibir. Algunos actos insti- tucionales hablan del Día Europeo de las Víctimas del Terrorismo sin nombrar el 11 de marzo. Sin nombrar Madrid. Sin nombrar a nuestros muertos y a nuestros

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