FUNDACIÓN VÍCTIMAS DEL TERRORISMO NÚMERO 94
62 niegan a normalizar las anomalías y ver- güenzas de una realidad injustificable. En definitiva, poder formar parte de un grupo de jóvenes con una firmeza intelectual y moral digna de admirar es un privilegio y me da esperanza en el futuro. Aunque no vivió aquellos años, ¿su implicación nace de sentir que esa memoria también le pertenece y que convertirla en compromiso es una forma de dar sentido a la ausencia? Sí, completamente. Aunque no viví aque- llos años, siento que esa memoria también forma parte de mí. Las historias familia- res, los valores y las convicciones también se heredan. Convertir la memoria en com- promiso cívico es vivir en base a los prin- cipios políticos y morales de mi familia, tratando de asegurar que las generacio- nes venideras sean conscientes de lo que es capaz el ser humano para estar alerta y no tolerarlo, evitando la posibilidad de que nada similar pueda volver a suceder. Con motivo de este aniversario, se ha realizado el cortometraje documental Recuerdo de un hombre libre sobre la figura de su abuelo. ¿Qué ha supuesto para usted participar y ver materializado este proyecto? Me ha permitido asomarme a la historia familiar con un nivel de profundidad al que tal vez no hubiese llegado de no haber sido por el proyecto. Ha sido una expe- riencia muy intensa, porque implica escu- char, preguntar y enfrentarse a recuerdos que para mi familia siguen siendo muy dolorosos. Al mismo tiempo, ha sido una forma muy bonita de rendir homenaje a mi abuelo. El proyecto no termina ahí, ya que ahora estamos inmersos en sacar adelante un largometraje documental que pueda abarcar en mayor detalle la historia familiar y poner en valor la etapa de la Transición y el papel heroico de las víc- timas del terrorismo en la Historia de España. ¿Qué espera que sienta o comprenda quien lo vea por primera vez? Me gustaría que quien lo vea entienda que detrás de cada víctima del terroris- mo hay una persona concreta, con una vida, una familia, unos ideales e ilusio- nes. También que las ideas que justifican el terrorismo, el asesinato, en definitiva, de ciudadanos inocentes por discrepan- cias ideológicas, no tienen cabida en una sociedad democrática que aspira a la convivencia pacífica. A veces la historia se cuenta de forma muy abstracta, pero el terrorismo nacionalista de ETA tuvo consecuencias humanas y sociales muy profundas que merecen empatía y aten- ción. Tres décadas después, ¿cree que la sociedad española ha sabido preservar la memoria y la dignidad de las víctimas del terrorismo? Creo que, en lo que respecta a la res- ponsabilidad de la sociedad española para con las víctimas y las generaciones venideras en este aspecto, los esfuerzos dejan mucho que desear. Concretamente, en País Vasco y Navarra, donde se pade- ció el zarpazo de ETA con más fuerza y dramatismo, se aprecia el abandono ins- titucional a la hora de garantizar que se conozca lo ocurrido. Peor aún, persiste la banalización, incluso justificación, del te- rrorismo por parte del entorno abertzale. Esto queda demostrado por el altísimo grado de radicalización de la juventud en ambas comunidades autónomas. La memoria es algo frágil y requiere un es- fuerzo consciente y constante para ser “Con el paso del tiempo existe el riesgo de que lo ocurrido se simplifique o se diluya en relatos que no reflejan la gravedad ni la verdad de lo que fue el terrorismo de ETA” ¿Ha sentido el peso del apellido como una responsabilidad o como una herencia moral? Ambas, sin duda, y en su sentido más po- sitivo. ¿Cómo marcó el atentado la historia vital de su familia? La marcó de una forma inevitable y muy profunda. El atentado dejó una herida que forma parte de nuestra historia familiar y que ha trascendido entre generaciones. Cre- cer con esa ausencia significa convivir con un vacío, pero también con el ejemplo de la dignidad con la que mi familia ha afrontado el trauma de una persecución vital. ¿Se aprende a convivir con una ausencia causada por la violencia, o el duelo se transforma pero nunca desaparece? Cada uno a título individual genera sus mecanismos para superarlo y aprender a convivir con esa ausencia, a integrarla en su vida, pero siempre queda la conciencia de que es una injusticia que parte de un fanatismo injustificable. El duelo se trans- forma, pero no desaparece. Forma parte de la plataforma Ego Non, un espacio cívico que trabaja por la memoria y la dignidad de las víctimas del terrorismo. ¿Qué representa para usted formar parte de este proyecto? Dar con Ego Non fue una auténtica bendi- ción. Primero, implica tranquilidad de que, en las generaciones venideras, existe gente con la conciencia clara de que el nacionalis- mo excluyente deriva en las pulsiones más ruines del ser humano. Ego Non significa tener el respaldo continuo de personas ac- tivas y comprometidas cívicamente que se
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